KAUKASOS: Uno de los pilares del mundo

Las mejores memorias y recuerdos nacen de las locuras más simples que elegimos hacer, en este caso, los recuerdos nacen desde las memorias y los paisajes más bonitos que el Cáucaso nos puede dar. El Cáucaso es una región natural situada en la linde entre Europa del Este y Asia occidental, entre el mar Negro y el mar Caspio. Verde, natural, bohemio, humilde y extraordinario.

Allí es como Pau y Pedro llegaron a Georgia sin saber exactamente qué iban a encontrar: ¿Sería parecido a otros países de Europa del este? ¿Tendría similitud con otros países? ¿Cómo sería la gente? Muchas preguntas de ese tipo les rondaban la cabeza.

Llegaron muy pronto, de madrugada, y la chica del hostal dónde iban a hospedarse se ofreció a recogerlos en el aeropuerto. Apenas había amanecido y ya estaban inmersos en Tbilisi, una capital muy peculiar y bonita,  ideal para perderse en sus barrios bohemios con fachadas barrocas y sus mercados a pie de calle.

Durante ese primer contacto, ya pudieron comprobar la increíble amabilidad  del pueblo georgiano. Enseguida aprendieron que cualquier momento es bueno para beber un Chacha, un licor artesanal típico del país y que muchos destilan en su propia casa.

Primer día,  vestidos y preparados, comienzan la ruta por la carretera de Tbilisi National Park, dónde ya pudieron admirar el paisaje disfrutando de cada pedaleada. Aún así, contra todo pronóstico, la ruta que tenían planeada resultó ser errónea, ya que en un cruce se equivocaron al girar. No hubo más problema, pues un hombre muy amable los acercó en su furgoneta hasta el cruce dónde se habían desviado. Pau y Pedro estaban asombrados de la amabilidad de los georgianos.

Así llegaron a Tianeti, un pequeño pueblo donde unos hombres, rusticos y  trabajadores, de manos asperas, los invitaron a una especie de fiesta privada donde fueron agasajados con abundante comida típica, bebida, música y que por supuesto acabaron bailando y borrachos. Todo esto bajo el gran asombro de todos, pues la comunicación era nula, los hombres no hablaban nada de Inglés.

Prosiguieron el camino hacia las faldas del verdadero objeto: Tusheti National Park. Allí en un pequeño pueblo llamada Phasaveli fue donde conocieron a una familia maravillosa que los invito a pasar a unos días en su casa mientras descansaban para afrontar el Abano Pass. Elena, la hija, hablaba perfectamente Inglés y les enseño multitud de cosas del país y sus tradiciones, así como del pueblo en el que vivían. Fueron unos días increíbles que siempre recordaran con cariño comentan Pau y Pedro mientras ponen la memoria a funcionar.

La subida a Abano Pass, la carretera ciclabe más alta del Caúcaso, fue sin duda otra de las grandes experiencias de este viaje. Un ascenso acumulado de 2700m en apenas 70 kilómetros. Para el que no sea ciclista y no lo pueda imaginar, puede imaginar que es mucho y punto,

pero disfrutaron cada kilómetro rodeados de un paisaje realmente espectacular y que hacía de la ruta un poco menos dolorosa.

Una vez llegaron a Omalo, se alojaron en una casa regentada por una mujer muy simpática y visitaron los alrededores. Sin duda un parque natural para perderse entre valles y carreteras de grava infinitas, para los amantes del gravel es el paraíso.  Comieron, bebieron y disfrutaron de un atardecer muy bonito. Dicen que no estaban cogidos de la mano, pero lo han dejado en duda.

Volver a la civilización fue otra experiencia muy buena. Un hombre del pueblo los acerco en su 4×4, retornaron desde Omalo hacia Abano Pass y se volvieron a hospedar en la casa de la familia que anterior, que los esperaban con mucha ilusión y con ganas de oir las historias. Sin duda lo que vivieron con ellos junto con Tusheti National Park fue el recuerdo más bonito de todo el viaje.

Georgia es una país maravilloso, en la que su gente y su cercanía y la humildad hacen que sumergirse en la cultura sea fácil, que los sitios sean más bonitos y que la comida tenga mejor sabor. Sin tener mucho, saber compartirlo, es un don de esta gente.

“…De todo lo que vivimos, nos quedamos con eso, y con que es seguro que volveremos!…” Dicen Pau y Pedro, con la sonrisa de dos niños con juguete nuevo.

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